Entre todas las montañas que arrugan la superficie de la tierra, ninguna hay tan hermosa como la cordillera de los Pirineos que cose nuestra vieja piel de toro que es España al continente europeo.
Es obligatorio conocer los Pirineos: en invierno cuando la nieve suaviza con su tapiz blanco
todas las cosas y parece convertir los picachos en blanquísimo algodón. En primavera, cuando la primavera juega como un niño y viste las montañas con colores que superan nuestra imaginación. En verano sus azules cumbres se confunden con el firmamento azul y no sabes dónde termina la tierra y comienza el cielo.
Y en otoño cuando sus bosques se tiñen de un color de oro viejo.
Viejo y valioso como las leyendas del pirineo. Rafael Andolz
Es obligatorio conocer los Pirineos: en invierno cuando la nieve suaviza con su tapiz blanco
todas las cosas y parece convertir los picachos en blanquísimo algodón. En primavera, cuando la primavera juega como un niño y viste las montañas con colores que superan nuestra imaginación. En verano sus azules cumbres se confunden con el firmamento azul y no sabes dónde termina la tierra y comienza el cielo.
Y en otoño cuando sus bosques se tiñen de un color de oro viejo.
Viejo y valioso como las leyendas del pirineo. Rafael Andolz
